1350 WINCHELSEA

Las crónicas omiten este episodio de la historia naval de Castilla que marca el inicio de una larga época de hostilidades en el mar entre Castilla e Inglaterra. No obstante, y pese a no ser reflejado en la cronística peninsular, sí está el episodio documentado en las fuentes inglesas, sin duda debido a la resonancia de un combate que tenía más de victoria política que estrictamente militar, ya que la flota vizcaína no era una armada de guerra sino comercial. La relevancia del hecho, exige que lo incluyamos en esta relación de acciones navales.

Aunque las fricciones entre la pujante marina comercial cantábrica y los barcos ingleses en aguas del Canal eran cada vez mayores, llegando incluso a ser motivo de quejas en las reuniones de Cortes, los acontecimientos desencadenantes arrancan del mismo momento de la muerte de Alfonso XI en el Real de Gibraltar. Su política exterior marcada por la neutralidad será rota de inmediato por su sucesor Pedro I en una posición favorable a los intereses franceses.

La respuesta inglesa se manifiesta en la exhibición de un golpe de fuerza en el mar que demostrase a Castilla que su dominio de las aguas del Canal había terminado, dentro del juego de intereses de la política internacional del momento, en plena guerra de los Cien Años entre Inglaterra y Francia; así que hacen hincapié en el carácter agresivo de los navegantes vizcaínos, cuyas acciones en el curso de los viajes que realizaban a Flandes eran calificadas por los ingleses como piráticas:

…en su tránsito cometían muchos actos de piratería; y cuando eran amenazados con represalias, audazmente reivindicaban el dominio de los mares.

La flota mercante castellana regresaba de Flandes en agosto de 1.350, no sin que su comandante, Carlos de la Cerda, en previsión de un ataque, hubiera hecho reforzar las naves embarcando algunas compañías de ballesteros. Entre Dover y Calais se avistaron ambas formaciones.

Representación medieval de un combate naval recogida en las Crónicas de Jean Froissart

La escuadra inglesa, a cuyo frente iba el propio rey Eduardo III acompañado de sus hijos, se había hecho a la mar desde Winchelsea y estaba integrada por 54 naves, que consistían en cinco hulks, 30 kogges y 19 pinazas, según Jean Froissart, el más célebre de los cronistas franceses al servicio de Eduardo III, número superior al que componía la flota castellana de 24 naves, de mayor borda, dado que se trataba de barcos mercantes. A pesar de que el viento favorecía la marcha de los castellanos, no rehuyeron el enfrentamiento, y el 29 de agosto se libró esta batalla.

Modelo de kogge

La batalla se libró del único modo posible, al abordaje y luchando cuerpo a cuerpo. Las crónicas refieren un combate sin piedad, en el que los vencidos eran arrojados por la borda. La nave insignia inglesa se lanzó contra otra castellana y debido a la violencia del choque frontal la nave del rey Eduardo quedó seriamente dañada y hubo de ser abandonada antes de hundirse.

Eduardo III

El barco del Príncipe Negro también se fue a pique al ser abordado por otro castellano agujereándole el casco, aunque el príncipe pudo pasar a la cubierta del castellano y finalmente apoderarse de él con la ayuda de un segundo barco inglés que lo atacó por la parte opuesta.

Eduardo “Príncipe Negro”

La batalla concluyó, según las crónicas, cuando un escudero flamenco de Roberto de Namur llamado Hannequin cortó la driza de la vela mayor del navío castellano que arrastraba al de su señor cuando este ya se daba por perdido. Los sorprendidos marinos cántabros, cubiertos bajo la vela, pudieron entonces ser fácilmente abordados y acuchillados, quedando en poder de los ingleses de catorce a veintiséis naves castellanas, pero los ingleses tuvieron que hacer frente a la muerte de importantes caballeros y al hundimiento de varios barcos, entre ellos los del Rey y del Príncipe.

Una victoria que quizá pudiera servir a Eduardo III como aval para su lucha contra Francia, pero que requirió de él, la firma en Londres el 1 de agosto de 1.351 con las ciudades de la Hermandad de las Marismas representadas por marinos de Castro Urdiales, Bermeo y Guetaria. ​ El acuerdo reconocía a los marinos cántabros el derecho de libre circulación y comercio en aguas inglesas, fijaba una tregua de veinte años y creaba un tribunal encargado de dirimir los conflictos que pudieran surgir entre marinos de ambos reinos.

El acuerdo fue ratificado poco después por el rey de Castilla en las Cortes de Valladolid. ​

Bibliografía consultada:

  1. La Marina de Guerra de la Corona de Castilla en la Baja Edad Media, desde sus orígenes hasta el reinado de Enrique IV (Tesis Doctoral). Francisco Javier García de Castro.
  2. Castilla y el dominio del mar en la Edad Media (1248-1476) (Tesis Doctoral). Manuel Flores Díaz.
  3. Historia Marítima Española. Francisco Javier Oubiña Oubiña.
  4. Historia de la Armada del Cantábrico. Delfín Rodriguez Fernandez.
  5. Las empresas navales de Castilla.  José Cervera Pery.
  6. La Marina de Castilla. José Cervera Pery.
  7. Wikipedia. https://es.wikipedia.org.
  8. http://armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/conocenos_historia.

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