1715 CAPITULACIÓN DE MALLORCA

Una vez producida la caída de Barcelona en septiembre de 1714, dentro del marco de la Guerra de Sucesión a la Corona de ESpaña, el último reducto austracista era el Reino de Mallorca que desde 1706, como el resto de los estados de la Corona de Aragón, se había alineado con el Archiduque Carlos, quien a finales de 1711 había sido proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

José Patiño organizó en poco tiempo una improvisada flota combinada de naves de guerra y de transporte. Esta Armada Real estaba compuesta por embarcaciones de la flota española y la aportación naval francesa que, en gran parte, habían participado en el asedio naval contra la ciudad Condal en el último tramo de la guerra de Sucesión. 

Flota borbónica

El operativo anfibio de embarco y desembarco de las tropas y pertrechos fue encomendado conjuntamente al francés marqués de Gavaret y al genovés marqués di Mari. La flota fue dividida en tres divisiones con veintidós escuadras en total. A su vez, cada escuadra o columna estaba compuesta por un número de entre quince y veintiuna embarcaciones de diferentes tipologías y tamaños (navío, barco, tartana, pingue, saetía, polacra, etc.). La formación de cada columna estaba identificada por colores distintivos (azul, blanco, rojo, blanco-azul, etc.). La primera maniobra del operativo fue embarcar a la soldadesca y sus útiles en las embarcaciones menores (lachas, botes, jabeques, barcassa, etc.) asignadas a cada escuadra que estaban fondeadas en el puerto.

El inicio del embarque se realizó con la izada de una bandera ajedrezada en el asta de la bandera del mastelero, situado en el trinquete de la capitana. Las embarcaciones menores (lanchas, botes y jabeques) de guerra y transporte fueron al puerto para arrastrar a las tartanas encargadas de transportar la infantería a los navíos. Veintidós oficiales de la Armada fueron los encargados de transmitir la información a las embarcaciones. Claude François Bidal d’Asfeld, comandante en jefe de las tropas terrestres, fue responsable de situar a los regimientos en el muelle para su embarque por batallones, situando a los primeros para subir a bordo lo más próximos a la linterna del puerto. La intención era transportar cuatro batallones a la vez y, una vez completado, se enarbolaba una bandera, para que el resto de embarcaciones de transporte la siguiesen. Un oficial de mar era el encargado de gobernar las lanchas y un oficial de tierra de gobernar a la tropa. Una vez transportadas las tropas se efectuaría el retorno de las lanchas a tierra por la parte baja del muelle para dejar libre la próxima a la linterna.

La navegación de la flota se dispuso en orden de batalla formada en tres divisiones y, a su vez, cada división en siete columnas. La columna a sotavento estaba formada por los navíos de guerra, con la capitana situada a la cabeza junto a galeotas y galeras. Cada embarcación tenía libertad de poner el velamen que considerase oportuno para mantenerse en línea y a cierta distancia para evitar el abordaje. La columna o línea principal era la de barlovento formada por las galeras, con la capitana a la cabeza. Le seguían en el centro cinco líneas con los navíos de transportes a distancia de medio tiro de cañón entre columna y columna. En las cinco columnas centrales de las embarcaciones de transporte habría un navío de guía con una bandera de diferente color según órdenes y, de noche, con un farol. Cada columna estaría encabezada por un navío de vanguardia, otro de retaguardia con rango de segundo y otro en medio como tercero. A la vanguardia se situaba un navío que repetía las señales de la capitana para conocimiento de todas las embarcaciones. En caso de virar ciento ochenta grados, era el navío de retaguardia de la línea de guerra el que guiaba la derrota según el viento. La capitana debía llevar de noche tres faroles encendidos y la capitana de las galeras otros tres faroles de popa y uno en la proa.

Cada división estaba formada por una variada tipología de embarcaciones que incluían tres grandes barcos: dos situados en los extremos (vanguardia y retaguardia) y otro en el centro (cuerpo de batalla). Los navíos de transporte, más indefensos, estaban situados próximos al navío de su bandera y, en caso de presencia enemiga, tenían instrucción de formar línea en la parte contraria por donde apareciera, al abrigo de los navíos de guerra de su división. Así pues, el orden de batalla sería el siguiente:

– Vanguardia: La Ermitaña, La Hermiona, El Príncipe Bizcaino, La Reyna, San Fernando.

– Cuerpo de batalla: La Flecha, La Barca de Sicar, El Juno, El Príncipe de Mari, La Capitana, La Sorpresa y el Tigre.

– Retaguardia: La Sirena, el Águila, San Felipe, San Antonio, El Real y La Virgen de Gratia.

Las embarcaciones de vigilancia nocturna tenían instrucciones de mantenerse a cierta distancia de la flota a “fuerza de vela”. Al despuntar el día se incorporaban a la flota en proximidad, “tiro de cañón”, poniendo señales en sus mástiles según las embarcaciones que hubieran oteado durante la vigilancia nocturna. En caso de llamada al orden por la capitana acudirían los ayudantes de teniente de la división de vanguardia y retaguardia para transmitir la orden a su división. Las instrucciones incluían la disposición del aparejo a bordo para coordinar la propulsión de navegación según la posición en la derrota y el viento. En caso de otear enemigos o enfrentamiento bélico en alta mar, las columnas de transporte debían colocarse en la parte opuesta al enemigo, al abrigo de los navíos de guerra de su bandera. Las tres principales embarcaciones de la flota estaban claramente localizadas durante la travesía gracias banderas identificativas. Cada embarcación portaba la señal de la columna a la cual pertenecía: el cuerpo de batalla con gallardete en el palo mayor, el de vanguardia en el trinquete y las de retaguardia en el palo de mesana.

Instrucciones del operativo anfibio.

La correcta coordinación de este operativo fue clave para el éxito de la misión. Las precisas instrucciones permitieron organizar el embarque, la derrota hasta Mallorca y el desembarco de más de doce mil militares con sus pertrechos. Sin duda ayudó la coordinada línea de mando, con la consecuente dificultad de estar formada por diferentes nacionalidades, y un apropiado sistema de señales que permitió conocer en cada momento las órdenes. La maniobra de desembarco anfibio es la más difícil y peligrosa de la expedición ante el desconocimiento de la situación real en territorio hostil. Debemos indicar que el cuerpo de ingenieros, compuesto principalmente por franceses, realizó varios viajes a Mallorca para confeccionar tres informes en cuyas anotaciones se indican los puertos, muelles, playas y puntos accesibles e inaccesibles. Estos completos informes también incluían planos y croquis de los posibles lugares para desembarcar en la costa y las playas. Según las disposiciones, el desembarco se iniciaba tras escoger el lugar idóneo en zona hostil.

Los navíos de guerra se situaban en orden de batalla y las embarcaciones de transportes se colocaban a la derecha o la izquierda de la capitana según indicación. La flota estaba compuesta por 182 barcos repartidos en veintidós escuadras, y cada escuadra estaba asignada a un regimiento. La formación estaría dispuesta en tres líneas agrupadas, cada una con 60 embarcaciones, si fueren dos con una de 90 y la otra 92. Lo normal era formar tres divisiones de lanchas: la del centro comandada por el marqués de Gavaret, la de la derecha por el marqués de Mari y la de la izquierda por monsieur de La Roche. Los granaderos encabezaban el orden de desembarco de primera línea. Cada escuadra estaba al mando de un cabo de lancha responsable de desembarcar al regimiento asignado. Para facilitar la identificación, las embarcaciones, escuadras y lanchas de un mismo regimiento tenían la misma señal, y una vez desembarcado su regimiento debía quitarla. Las lanchas arriaban la bandera de proa para indicar que no había más gente que desembarcar y acudían a las embarcaciones que tuvieran la misma señal para continuar desembarcando gente.

Del mismo modo, al inicio del desembarco, la capitana debía poner la proa en dirección a la playa e izar la señal establecida dando inicio el cañoneo sobre tierra. Dicho barco se ubicaba en el centro y a su derecha e izquierda el resto de navíos separados, dejando distancia suficiente para que las lanchas tuviesen maniobrabilidad. Una vez que la capitana daba señal a los navíos y galeras para parar el cañoneo artillero sobre tierra, se iniciaba el desembarco en el que los navíos de carga, transporte y menores que tenían un mismo regimiento se colocaban próximos para facilitar la maniobra. En ese momento, las lanchas quedaban agrupadas en línea de dos o de tres. Con las lanchas próximas a tierra se agregaban tres galeras y una galeota por la derecha e izquierda de las líneas, disparando en los costados del desembarco. Los fusileros de las lanchas de primera línea más próxima a tierra abrían fuego en caso de peligro. Las lanchas de primera fila, al llegar a tierra, arrojaban las planchas para el desembarco. La segunda tanda de viajes daba inicio con la aproximación de las lanchas y tartanas de transporte a los navíos para embarcar al resto de la infantería.

Relato de la expedición anfibia.

Días 8 a 11 de Junio

Embarque de la expedición en el puerto de Barcelona al mando del francés Lecheraine.

Día 11

La flota partió con cierta regularidad, encabezada por los navíos de guerra, aminorando la marcha hasta ver zarpar a la totalidad de las embarcaciones de transporte. Al día siguiente todavía divisaban la costa de Cataluña por el escaso viento, pero en torno a las cuatro de la tarde se levantó un temporal que puso el mar impracticable con la pérdida de varias embarcaciones pequeñas como indicaba el diario: “… de 56 jabeques solo quedaron dos o tres”.

Día 12

Avistan la costa insular, por la parte de Sóller, donde quedó dividida la flota. Las galeras en vanguardia y la flota a la estela tomaron la derrota hacia la isla de la Dragonera, donde se resguardaron del viento borrascoso.

Día 13

Amaneció con calma, lo que permitió a varios oficiales inspeccionar la costa de Santa Ponsa haciendo una maniobra de distracción al simular un desembarco.

Día 15

Todavía había embarcaciones cerca de Santa Ponsa, iniciando su navegación con rumbo hacia las Salinas gracias a la mejora del viento. Se tomó la decisión de continuar la navegación hasta que, a las cuatro de la tarde, quedaron fondeados delante de un pequeño entrante denominado cala Llonga, cuyo emplazamiento era idóneo. 

El desembarco tuvo lugar la noche del 15 al 16 de junio. Stefano de Mari, aprovechó que el barco de Gavaret había quedado atrás, para tomar el mando del desembarco. El primer contingente formado por ciento cincuenta granaderos del regimiento de Marines y Castilla a bordo de ocho lanchas tomó tierra sobre las 6 de la tarde del 15 de junio. 

Día 18

A las 4 de la tarde se puso viento en popa y logró situar la flota delante de Cap de Farruix, a un tiro de cañón de dicho cabo, donde se dio fondo gracias a la calma y viento de tierra toda la noche.

Día 21   

Entraron las embarcaciones borbónicas en el puerto de Alcudia, donde dieron fondo y desembarcaron tres mil sacos de harina y dos mil de cebada para aprovisionar a las tropas y a la caballería.

Día 22

fuerte viento y lluvia, llegó el resto del convoy de las sesenta y nueve embarcaciones del frustrado intento de desembarco en Sóller.

Día 23

Pedro de los Ríos direccionó las velas de sus embarcaciones hacia Palma para iniciar el bloqueo marítimo que completaba el terrestre emprendido por las tropas de Asfeld.

Día 25

Hubo un viento favorable que permitió iniciar la derrota rumbo sureste hasta delante de cala Longa, donde les anocheció. Aquel mismo día partieron desde Alcudia a Barcelona cincuenta y dos embarcaciones que habían descargado la caballería.

Día 27

Se pusieron los navíos en orden de batalla ante la ciudad de Palma para reforzar los ataques terrestres.

Día 3 de julio

Se rindió oficialmente La ciudad de Palma, con la evacuación de los castillos de Bellver y San Carlos y la entrega de la ciudad.

Por su parte, la toma de la vecina isla de Ibiza se realizó sin dificultades. La misión fue encomendada al irlandés coronel de infantería Daniel O’Sullivan Bear al mando de un contingente de 300 hombres, a bordo de la Sorpresa y el San Antonio. Zarparon desde Palma el 4 de julio y al día siguiente claudicó la isla. Igualmente, la toma de la isla de Cabrera se produjo también sin violencia.

Una vez finalizado el operativo, la presencia de la flota dejó de tener sentido. Así, esta quedó dividida al permanecer en Mallorca el Real, el Príncipe de Asturias y la Reyna, mientras que el San Fernando, El Tigre, La Flecha, seis galeras y dos saetías armadas de guerra marcharon hacia el puerto de Barcelona. El resto de la flota, con Pedro de los Ríos al mando, compuesta por la Capitana, Asturias, San Felipe, El Águila de Nantes y La Sorpresa, tomó rumbo hacia Cádiz.

Bibliografía consultada:

  1. Formación e instrucciones de la expedición anfibia para la conquista de Mallorca (1715). Eduardo Pascual Ramos.
  2. Revista General de Marina
  3. Historia Marítima Española. Francisco Javier Oubiña Oubiña.
  4. Enciclopedia General del Mar.
  5. Wikipedia. https://es.wikipedia.org.
  6. https://www.pinterest.es
  7. http://armada.mde.es/ArmadaPortal/page/Portal/ArmadaEspannola/conocenos_historia.
  8. Diversos foros como:
  9. foro.todoavante.es
  10. foro.todoababor.es
  11. https://foronaval.com
  12. https://blogcatedranaval.com
  13. spanishnavalhistory.blogspot.com
  14. https://vadebarcos.net
  15. http://www.mapasilustrados.com
  16. http://www.hispanismo.org
  17. http://www.navalaction.com

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